El nombre de categoría que tu comprador no teclea
Tu catálogo tiene un nombre para lo que vendes. Quien lo busca describe el trabajo, y el asistente responde a la descripción, no a la etiqueta.
Tu catálogo lo llama una categoría. Tu comprador lo llama un problema. El primer movimiento habitual es preguntarle a un asistente cómo estás posicionado para el nombre de categoría, y esa pregunta da por hecho que el comprador tecleó el nombre de categoría, que es justo la parte que nadie comprueba. A menudo no lo hizo: describió el trabajo, con palabras normales, con una restricción pegada, y la respuesta se montó alrededor de esa descripción y no de tu etiqueta.
En los mercados técnicos la distancia entre el vocabulario del catálogo y el de la compra es más ancha que en ningún otro sitio. El catálogo lo escribió gente que clasifica productos. La pregunta la tecleó alguien que necesita una cosa que haga algo.
La misma pieza, cuatro nombres según el país
Antes del procedimiento, un obstáculo que en español pesa mucho más que en otros idiomas y que casi nunca se contabiliza.
El vocabulario técnico no es común a todo el idioma. Una misma pieza, un mismo material, una misma operación de taller reciben nombres distintos en España, en México, en Argentina y en Chile, y no se trata de sinónimos elegantes: son las palabras que allí usa todo el mundo, incluidos los pliegos y los catálogos de los distribuidores locales. Quien vende en varios de esos mercados está compitiendo, en la práctica, en varios vocabularios a la vez.
La consecuencia es la misma que con cualquier otra fragmentación: tu web, escrita en el vocabulario de un país, tiene poco a lo que agarrarse cuando la pregunta llega con el vocabulario de otro. Y como todo ocurre dentro del mismo idioma, no salta ninguna alarma. Nadie revisa la terminología de una página que ya está en español.
El arreglo es barato y casi nunca se hace: que cada ficha mencione, una vez, las denominaciones de los demás mercados donde vendes, dejando claro que se refieren a lo mismo. No estropea el texto y le da a la recuperación algo que enlazar.
Escribe la etiqueta, luego escribe el trabajo
En una línea, el nombre que usa tu catálogo: el interno, el del menú, el de la presentación comercial.
En la siguiente, el mismo producto descrito solo por lo que hace y por lo que tiene que cumplir, sin ningún sustantivo de categoría. No "bomba dosificadora industrial" sino "algo que dosifique un fluido corrosivo a caudal controlado en una línea alimentaria". Con dentro la restricción que decide de verdad la compra: el material, la tolerancia, la certificación, el rango de temperatura, el caudal. Esa restricción es la parte que quien especifica no omite nunca.
Pregunta el trabajo, no la etiqueta
Coge la segunda línea, conviértela en una pregunta como la haría una persona y plantéasela a un asistente en una sesión nueva. Quién lo suministra, o qué se usa para eso.
Después lee la respuesta buscando dos cosas. La primera, si tu etiqueta de categoría aparece en algún sitio. A veces no aparece, y la respuesta está escrita entera en otra terminología, lo que te dice que tu etiqueta es un objeto interno y no la palabra del mercado. La segunda, si te nombran. Son dos hallazgos independientes y los dos sirven. Repítelo 5 veces en sesiones nuevas, porque estas respuestas varían.
Pregunta al revés cómo se llama
Ahora dale la vuelta y pregúntale al asistente cómo se llama normalmente un producto como el que has descrito, y qué otros nombres existen para lo mismo.
Es el paso que todo el mundo se salta y el que más rinde. Sueles obtener varios nombres: uno formal que viene de una norma, uno comercial, unas siglas, y con frecuencia uno que era una marca y acabó siendo el nombre de la categoría. Esa lista es una aproximación de cómo habla la web de tu sector, que es el mismo material del que tira el asistente al responder una pregunta de compra. Contrástala con tu propio sitio.
Mira también cómo lo llaman tus competidores
Un paso que no cuesta nada y que casi nadie da: abre las webs de los tres competidores que el asistente nombró en el paso anterior y fíjate solo en una cosa, qué sustantivo usan para la categoría y con qué palabras describen la aplicación.
No es para copiarlos. Es porque esas páginas son, literalmente, parte del material del que sale la respuesta que acabas de leer. Si los tres usan un término que tú no usas en ninguna parte, ese término es el que el modelo ha visto asociado a la categoría, y tu ausencia de esa palabra no es una elección de estilo: es una ausencia del conjunto de páginas entre las que se reparte la respuesta.
Comprueba la restricción, no solo el sustantivo
Busca en tu web la restricción que anotaste en el primer paso: la aleación, la referencia de norma, el valor de tolerancia, la homologación.
Muy a menudo existe, y existe solo dentro de una ficha en PDF, dentro de una tabla, a veces dentro de la imagen de una tabla. Es una página que un rastreador alcanza y no puede aprovechar. Si la restricción que decide la compra no está escrita como texto en alguna página, una pregunta construida alrededor de ella no tiene de dónde agarrarse en tu sitio, diga lo que diga tu página de categoría.
Monta el conjunto de preguntas con lo que has encontrado
Escribe ahora las preguntas con las que vas a medir, y escríbelas en el vocabulario que ha salido del ejercicio y no en el que traías. Un conjunto que funciona tiene algo de cada: preguntas funcionales con la restricción dentro y sin sustantivo de categoría, preguntas con cada uno de los nombres alternativos que has descubierto, y alguna con tu propia etiqueta, para ver si hace algo.
Después deja de tocarlo. La comparación en el tiempo es todo el sentido del asunto.
La generación automática de prompts ayuda con el primer borrador y es una de las cosas que PSentry hace a partir de tu sitio, sobre 4 asistentes y en cada idioma en el que vendes. Conviene ser claro con su límite: trabaja con lo que dice tu web, así que hereda tu vocabulario. Los nombres alternativos del paso invertido, y los que usa cada mercado en lugar del tuyo, son precisamente los que no tiene forma de conocer. Esa parte es tuya, y es una tarde.