Tu web está traducida. ¿Lo declara cada página?
Google Ads ya no pregunta el idioma: lo deduce. Una revisión para una tarde sobre cómo declara tu web el suyo, del es-419 que Google no acepta al lang olvidado.
«Si Google Ads ya detecta solo el idioma, lo que ponga mi web da igual.» Es la conclusión que muchos van a sacar de la última novedad publicitaria de Google, y es la pregunta equivocada. Lo relevante no es que un sistema adivine el idioma de una página, sino que cada vez hay más sistemas obligados a adivinarlo, y ninguno tiene el contexto de tu cliente.
La novedad es esta. El 13 de agosto de 2026 Google anunció que, a partir de septiembre, las campañas de búsqueda dejan de tener segmentación por idioma a nivel de campaña. Según la ayuda de Google Ads, los anuncios se emparejarán automáticamente según el idioma de los propios anuncios, y Google da prioridad a los que coinciden con el idioma del término de búsqueda. Antes el anunciante marcaba una casilla. Ahora el sistema deduce.
Este artículo no va de anuncios. Va de lo que tu web declara sobre su propio idioma, y de cómo lo declara. En una web bien cuidada, deducirlo es trivial. En una que ha pasado por dos migraciones de gestor de contenidos y por un traductor externo que tradujo los textos pero nunca vio la plantilla, no tanto. Lo que sigue es una revisión para una tarde, con el navegador y la vista de código fuente.
«es», «es-ES» o «es-MX»: tres declaraciones distintas
Quien vende en español vende, casi siempre, en más de un mercado. Y el atributo hreflang permite decirlo con precisión: es a secas, es-ES para España, es-MX para México, y así con cada país. La mayoría de las pymes tiene una única versión en español y la marca como es. Es correcto. Pero no es un ajuste por defecto: es una afirmación. Esa página sirve igual para un comprador de Valencia, de Monterrey y de Bogotá.
A veces es verdad. Una ficha técnica de una válvula no necesita edición mexicana. Otras veces no lo es: cuando la página muestra precios en euros con IVA y el cliente mexicano paga en pesos, cuando cambian los plazos de entrega, las condiciones de envío o el contacto comercial de cada país. Entonces es para todos es una simplificación, y alguien debería haberla decidido en lugar de heredarla del gestor de contenidos.
El error contrario también existe: una página marcada como es-MX idéntica, palabra por palabra, a la de España. El código anuncia una diferencia que el texto no cumple.
El «es-419» que Google no acepta
Aquí aparece una trampa muy propia del español. Muchas webs pensadas para toda Hispanoamérica usan la etiqueta es-419, donde 419 es el código numérico de América Latina y el Caribe. Es una etiqueta válida en BCP 47, el estándar que el W3C pide para el atributo lang, así que en ese atributo no tiene nada de malo.
En hreflang la cosa cambia. La documentación de Google sobre versiones localizadas establece que el primer código es el idioma, en formato ISO 639-1, y el segundo, opcional, la región, en formato ISO 3166-1 Alfa 2. Y lo dice sin rodeos: otros códigos que no figuran en esos estándares, como es-419, no son compatibles. Una versión «latinoamericana» declarada así es, para Google, una línea que no dice nada. Las alternativas son es a secas o una línea por país, con su código de dos letras.
Primera comprobación: contar las líneas hreflang
En la cabecera del código fuente busca las líneas <link rel="alternate" hreflang="...">. También pueden estar en las cabeceras HTTP o en el sitemap XML: Google acepta los tres métodos, así que mira donde las haya puesto tu agencia web.
La aritmética es sencilla y por eso sirve de prueba. Si una página existe en cinco idiomas, cada una de las cinco versiones debe llevar el mismo juego: cinco líneas hreflang, una de ellas apuntando a sí misma, más un x-default si lo usas. Seis líneas, idénticas en las cinco páginas. Google exige que cada versión se cite a sí misma y a todas las demás, y que si la página X enlaza a la Y, la Y enlace de vuelta a la X. Si falta la vuelta, las anotaciones se ignoran. Una sola página en español que olvidó enlazar a la francesa anula la pareja sin que salte ningún aviso.
Tres cosas más, ya que estás. Las direcciones deben ser completas, con https:// delante. Un código de región solo, sin idioma, no vale. Y x-default es opcional: es el valor de reserva para quien llega con un idioma o una región que no atiendes. En una web exportadora con una versión por defecto sensata, suele compensar.
Segunda comprobación: la dirección de cada versión
Pon las cinco versiones de una misma página una al lado de la otra en la barra de direcciones. El idioma debería leerse en todas: un dominio de país como example.es, un subdominio como es.example.com o un subdirectorio como example.com/es/. Google considera válidas las tres opciones y desaconseja los parámetros del tipo ?lang=es.
La que debe preocuparte es la que no tiene dirección propia: una única URL que muestra español o inglés según una cookie, la configuración del navegador o la IP del visitante. Google recomienda dejar que la gente elija idioma mediante enlaces en lugar de redirigir automáticamente, y recuerda que sus rastreadores salen sobre todo de Estados Unidos. Una página que solo está en español para quien llega con la configuración adecuada, para la mayoría de los lectores automáticos, no está en español.
Tercera comprobación: leer la página como quien solo habla español
Ningún validador hace este paso por ti, y es donde más se descosen las webs industriales multilingües. Recorre la página en español y marca todo lo que no esté en español. Los sospechosos habituales:
- El menú y el pie de página, en inglés porque viven en la plantilla.
- Las tablas de especificaciones, pegadas del original inglés: la página describe el producto en español y lo especifica en inglés.
- Las descargas: la ficha técnica, el manual de instalación o el certificado, solo en PDF inglés detrás de un enlace en español.
- Botones, formularios y el aviso de cookies, que el traductor externo nunca llegó a ver.
Google aconseja usar un solo idioma para el contenido y la navegación de cada página y evitar las traducciones en paralelo. Pero el argumento no depende de Google. Un texto en otro idioma es un texto en otro idioma para cualquier lector, humano o máquina. No hay nada documentado que diga que los asistentes de IA leen hreflang, y sería ingenuo darlo por hecho. Lo que un asistente recibe seguro cuando recupera tu página es su texto, y si la parte que decide una compra técnica está en inglés, eso es lo que recibe.
Cuarta comprobación: lang y título
Lo último y lo más rápido. El primer elemento del código es <html lang="...">: anota su valor en cada versión. El W3C pide ponerlo siempre en el elemento html, con un código BCP 47, y no sustituirlo por un meta http-equiv="Content-Language". El fallo típico es aburrido: todas las versiones con lang="en", porque el atributo está en una plantilla común que nadie localizó.
Conviene ser preciso, porque se suele contar mal. Google afirma que no usa hreflang ni el atributo lang para detectar el idioma de una página: lo deduce del contenido visible. Un lang equivocado no confunde a Google Search, según el propio Google. Corrígelo igualmente: cualquier programa que prefiera leer una declaración antes que adivinar leerá esa, y una declaración que contradice el contenido es peor que ninguna. De paso, revisa el <title> y la meta descripción, que suelen quedarse en inglés porque viven en un campo SEO que el traductor nunca abrió.
Lo que esta tarde no te dice
Una web que supera todas las comprobaciones está bien etiquetada. Nada más. No dice si algún asistente te nombra cuando un comprador pregunta, en español, quién fabrica lo que tú fabricas. Esa es otra medición, y es la que hace PSentry: las mismas preguntas en ChatGPT, Claude, Gemini y Perplexity, en cada idioma y mercado donde vendes, dos veces al mes. No revisa tu código ni te dirá qué página lleva el lang equivocado. Esa tarde te toca a ti.